Scroll to top
© 2018, Antonella Franchesqui Powered by EL Lab

“La delincuencia y la burocracia, y las trabas a los maes que quieren bretear como yo me estan volviendo loco”. Con esas palabras un buen amigo empresario en Costa Rica me comentó este fin de semana que está pensando seriamente emigrar hacia Estados Unidos. Tan solo unos días antes, otra amiga microempresaria me dijo, “tengo apenas un año y formalicé todo en Hacienda para inscribirme pero creo que debí permancer en la informalidad, acá se castiga al que produce”. Otro amigo que tiene 4 años de haber abierto un negocio aprovecha cada vez que coincidimos para contarme sus tribulaciones con la CCSS, Colegio de Médicos, municipalidades y hasta la Oficina de Control de Propaganda del Ministerio de Gobernación. Un conocido un mes antes me comentó cómo cerró su restaurante en el centro de San José debido a una nueva interpretación de la ley de propinas que hizo insostenible su negocio.

En Costa Rica garroteamos parejo a los empresarios, especialmente a los pequeños y medianos. El índice “Haciendo Negocios” del Banco Mundial coloca a nuestro país en la posición 125 de 183 economías estudiadas en cuanto a la facilidad para hacer negocios. En la región nos superan todos los demás países centroamericanos. Para abrir un negocio, el empresario costarricense promedio debe esperarse hasta 2 meses haciendo vueltas en entidades públicas consiguiendo todos los permisos, patentes y licencias del caso. En los países desarrollados el promedio es de tan solo 13.8 días. Parafraseando a un colega mío: en los países desarrollados si uno quiere hacerse rico se pone un negocio. En Costa Rica uno necesita ser rico para poder ponerse un negocio.

Esto es muy lamentable, especialmente cuando vemos los resultados del “Reporte Nacional 2010: Situación del Emprendimiento en Costa Rica”, destacado hoy en La Nación, que encontró quecasi un tercio de los emprendedores en el país empezaron un negocio por necesidad o subsistencia. La visión que muchos manejan del poderoso empresario lleno de plata es en la mayoría de los casos una ilusión. Muchos empresarios en Costa Rica se la ven a palitos para salir adelante, y encima deben lidiar con las múltiples trabas y gravámenes que les mete en su camino el Estado. Un número substancial de ellos simplemente no puede contra tanta regulación y tramitología, y optan por la informalidad (como dijo mi amiga). El 40% de la fuerza laboral activa de Costa Rica se encuentra en el sector informal. Como tal, no tienen acceso a créditos, seguros, no pueden publicitarse ni expandirse. Tampoco pueden firmar contratos o acceder al sistema judicial en caso de alguna disputa comercial. Se encuentran en un limbo legal; un apartheid económico.

Resulta iróno que el susodicho estudio fue publicado por el Ministerio de Economía Industria y Comercio (MEIC). Su ministra, Mayi Antillón, afirma en La Nación que los hallazgos del sondeo permitirán formular políticas públicas y programas más favorables para el empredurismo. Sin embargo, su gobierno es el que impulsa a viento y marea un paquete de impuestos que complicará aún más la existencia a los empresarios nacionales. No es atrevido decir que a este gobierno parece interesarle más tener a la gente en planillas del IMAS que produciendo y generando riqueza por sí misma.

Tomado de Blog por la Libre, elfinanciero.com; por Juan Carlos Hidalgo.

Related posts

Post a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *