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© 2018, Antonella Franchesqui Powered by EL Lab
No recuerdo mi vida de antes… mi vida de antes es la de antes de ser mamá…
Cuando me convertí en mamá tenía 19 años. Unos pensarán qué joven… eso me decía la gente hace casi 12 años que nació Nacho. Hoy en retrospectiva, pienso que me decían eso muy en paralelo con el tema de que mi vida como profesional, o como joven mujer universitaria, que se preparaba para ir a formar parte del mundo laboral.. aquella que tenía que ir a ganarse su plata, etc., todo este royo de mujeres del siglo 21, pues se iba a ver seriamente afectado. Claro, con un hijo, pues todo se iba a atrasar y iba a «hecharseme» a perder la vida. Tanto se me iba a hechar a perder, que hasta me ofrecieron financiarme un lindo aborto fuera del país… «Vos sos joven, y se te va a olvidar». Recordé todo esto hoy por la lectura de un blog que los recomiendo totalmente que se llama Médico del Alma, quién publica una entrada acerca del Síndrome Post Aborto. Cuando lo estaba leyendo, pensaba en mi misma, aquella chiquilla que realmente no sabía que hacer.. máxime que en la entrada el Psiquiatra habla claramente de la falta de información de las mujeres que acaban abortando, y cómo son guiadas por las demandas y exigencias del siglo 21 con argumentos como: que la vida se les va a acabar, que las va a atrasar ese hijo, las preocupaciones porque no tenes estudios ni «en qué caerte muerta», entre un montón de cosas más… Dios mío… sólo cosas malas alrededor de un inocente que no pidió venir al mundo.
Bueno, pues la cosa es que recuerdo haber pensado que si, que mejor lo hacía porque así iba a poder vivir mi vida… (acaso no lo era también con ése bebé ya en mi vientre?); pero Dios tenía para mi otra cosa muy diferente, y comenzaron los dolores pélvicos… aquel bebé no iba a irse sin darme la lucha… ja! Fui al hospital porque me dolía de verdad pero en el ultrasonido no apareció nada… y me sentenciaron: «Si en 10 días ese bebé no se le ve, le hacemos un legrado»… y yo pasé aquellos 10 días pensando en «fijo no se va a ver». Bueno pues volví y ahí estaba… recuerdo vívidamente la imagen de aquel corazón latiendo, todavía hoy recuerdo el hueco en mi estomago de la impresión de ver que aquella cositica tan pequeña solamente latía; y en ese momento lo sentí: «pero si le late el corazón!» le dije al radiólogo… y me volvió a ver y me dijo: «sí, muchacha, ese es su bebé». Escuché en mi cabeza mis palabras: «Pero yo no lo puedo matar… tiene corazón!» Que inocencia verdad? Pero así era mi realidad en aquel momento, y por esa simpleza de pensamiento yo decidí decirle a aquella persona, que no, que no lo iba a hacer, no iba a abortar al corazoncito.
Hoy analizando y viendo todo lo que ha sucedido, mi hijo me habló en aquel momento, y a través de mis molestias, mi inconsiente se manifestó en lo que yo realmente quería, que era no sacarme el bebé… pensaba en aquel momento también, que si mi vida no iba a ser la misma, yo quería que no fuera la misma pero con el bebé…

Aceptando mi realidad es dejar de luchar con mi presente porque mi pasado no me gusta… aquello que pasó, si pasó, y no puedo cambiarlo… quiero vivir mi presente con libertad, que el agua de la vida limpie mi ser, llevándose todos los sentimientos de culpa por algo que tuve la intención de hacer y no hice, se imaginan como se sienten las mujeres que si lo hicieron?; yo siento culpa, angustia… por todas las cosas que desde ése minúsculo momento de concepción de Ignacio, aquel minuto malogrado de ese ofrecimiento, y esos 10 días de indecisión de que iba a hacer yo con su vida, mi hijo amado sintió. Pero también me quiero llenar de positivismo, alegría, bondad el corazón por aquellos 3 minutos de ultrasonido para buscar a ese ser maravilloso que latía con pasión en mi vientre… los tres minutos que cambiaron mi vida para siempre… cuando te ví por primera vez nachis!!
Gracias hijo por luchar, por hablarme desde esa pequeñez física que eras en aquel momento!, gracias hijo porque tu vida es una manifestación de Dios, porque a través de ella, todos los días me esfuerzo por ser mejor para vos, por cambiar, por ser tu ejemplo de vida al lado de PaFran. Gracias porque me das energía para nunca dejar de transformarme en aquella que puedo ser… la que en tu cabeza soy Nacho.
Te amo profundamente mi amado!
Tu Mamilla.

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