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© 2018, Antonella Franchesqui Powered by EL Lab
Hacía muchos años que no pasaba una navidad en la que no me sintiera súper feliz… contenta, agradecida… amada… Claro, a pesar de haber enfrentado en diferentes años de mi vida, un sin fin de retos y pruebas que creía habían sido duras, nunca antes había vivido un fin de año como el cierre del 2012.
Hace poco leí en Facebook algo que, parafraseando, decía: «nunca sabes cuan fuerte sos, hasta que te toca ser fuerte»… y me sentí profundamente identificada con éstas palabras pues, aunque alguna vez me jacté de lo fuerte que era, nunca nada me preparó para éste año que terminó, y que bueno… debo de decir que agradezco infinitamente a Dios porque realmente se acabó!
Por un lado, no pretendo jactarme de mi fortaleza, más bien, pretendo hablar de mi debilidad de espíritu, de como presa de miedos, fobias, impotencia, dolor saqué la «faena» adelante. De como me he sentido los últimos seis meses del 2012… tan confundida, perdida… la mayor parte del tiempo no sabía si estaba haciendo lo correcto, Cómo saberlo? creo que ningún padre lo sabe. Nuestros hijos vienen al mundo y llenos de ilusión empezamos la aventura simplemente amando locamente a esos seres tan diminutos, pero que nos vuelven locos; «me asesoré», «pregunté», me rodié de «profesionales» que me ayudaran a hacer lo que creí que era lo mejor para Ignacio, así de «simple» fue. Ahora que lo pienso, leerlo suena definitivamente como una tarea de dos semanas vrs los meses que fue, y no es representativo del esfuerzo titánico que fue, pero así es la vida no?, lo que para mí significó no sólo un esfuerzo sobrehumano, si no también un gran sacrificio, para otras personas probablemente es algo simple y sencillo de manejar, o talvés no tan trágico.
Tampoco he sido nunca de amigos… tengo pocos, muy escasos amigos, por tanto mi grupo de apoyo era muy «debil», reducido a mi esposo y un familiar de mi confianza y… y ya! sí… por desición personal, mantuve a mis padres y hermanos muy al límite de lo que sucedía… creí que lo mejor para ellos era la ignorancia, y en un acto que se pudo confundir con «automartirización», me heche el problema encima sola.
En un momento de la historia, creí que era bueno abrir mi corazón a contar mi tragedia personal (porque eso era), sentí que talvés contandola iba a empezar a sentirme mejor… creo que últimamente éste pensamiento tan bien intencionado, resultó ser la pala con la que «cavaría mi tumba», muy sarcásticamente lo digo porque realmente me siento que fue soga para mi propio pescuezo… y la verdad me pasa a menudo últimamente, es algo a lo que le tengo que poner atención, esa necesidad de comentar las cosas todo el tiempo… «cargada de buenas intenciones».
Así lo hice y hable con diferentes personas (las equivocadas?), y por un momento sentí bonito vacíar mi pecho de dolor y «compartir la carga». Así fue. Pero conforme pasaban los días posteriores a la partida de mi hijo, iban apareciendo las grietas en esas relaciones de confianza que yo tenía y en las que me apoyé. Definitivamente el mundo se mira a través del cristal propio, e insisto que las acciones de cada persona no son censurables ni cuestionables, realmente como decimos los ticos: «hay que andar esas botas puestas» para saber que hubiera hecho uno en el lugar del otro; las diferentes situaciones que se dieron llevaron mi ser nuevamente al límite… soportar que mi hijo ya no vivía conmigo no era suficiente para la vida… ese karma que me perseguía no se había acabado, nooooo, por el contrario le faltaba (o le falta?) y ahí estaba yo frente a mi nuevo grupo de apoyo luchando por que me explicaran porqué hacían lo que hacían… parecía que aquellos 12 años de mi vida en los que de una manera u otra no sólo mantuve a mi hijo, si no que lo eduqué, fuí su madre, lo crié, luché por él, por sacarlo adelante, por tratar de hacer de él un buen hombre… todos aquellos años, navidades incluidas, cumpleaños, fiestas, paseos… TODO se había desaparecido y yo era invisible ante los ojos del mundo y todo lo que importaba era él y cómo mantenerlo dentro del circulo familiar, y no importaba el precio de lograrlo (tan trágico cómo suena, así fue y lo sentí)… y ese cómo fue lo que me empezó a desangrar nuevamente, pues el cómo no me incluía a mi, ni a mi esposo, ni a mi bebe de 14 meses, si no a los «nuevos encargados’. Pensar en que aquella relación familiar se debía mantener a través mío fue inocente de parte mía y simplemente me brincaron… porque así lo siento yo… me brincaron para acercarse y bueno de mil maneras exponerme, generarme más problemas, malos entendidos con aquellos que no sólo no querían verse involucrados, si no que aprovechando esa grieta, decidieron que ellos debían tener poder absoluto para decidir cuando, cómo, con quién, y donde el otrora mi hijo, pero ahora de ellos, podía visitar a su familia materna, aunque aquello no tuviera nada que ver conmigo: «queremos salvaguardar la continuidad de la relación de Ignacio con su familia materna», claro… pero no con la madre… a esa la vamos a desaparecer, esa relación no es importante.
Las intenciones de una persona a la hora de hacer algo, no necesariamente se verán reflejadas en los resultados de las acciones que ésta persona emprende, máxime si éstas acciones están relacionadas a la vida de alguien, bien lo dije arriba… una cosa es mi intención y otra no sólo como la gente recibe mis acciones, si no también los resultados que se generan a partir de ésta intención.
No quiero desaparecer de la vida de mi hijo, no quiero dejar de ser su mama… pero cómo se es mamá de ésta manera..? No sabía yo que ser la mamá de largo de mi hijo podía incluir en el largo plazo dejar de ser su mamá… no sólo porque no me dan mi lugar, si no porque para poder seguirlo siendo tengo que pelear con toda la humanidad para que así se mantenga… creí que las mamás éramos las mamás absolutamente toda la vida…

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