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© 2018, Antonella Franchesqui Powered by EL Lab
La última vez que escribí acerca de éste tema, estaba muy molesta y resentida por las cosas que estaban pasandome en ése momento de mi vida: recién mi hijo Ignacio se había ido a vivir con el papá y en el periodo… llamemoslo de acomodo a cómo iban a funcionar las cosas para toda la familia extendida (hablo de mis papás, primos, tíos: a quién llamo si quiero ver o invitar a nacho a alguna actividad?), no hubo tiempo de establecer límites claros y pausados de cómo Yo, la mamá de Ignacio quería que ésta nueva situación se manejara a nivel de mi familia extendida, ¿porque digo que no hubo tiempo? porque las actividades llegaron y yo aún estaba «nadando» en aquel sentir tan duro… no lograba darle claridad a mis pensamientos a pesar de que se los había externado a varias personas y que esperaba que fueran capaces de compartirlos de manera oportuna…
El punto es que igual no era su responsabilidad, era la mía, pero en mipropio tiempo, no en el de los demás. Al final del día Ignacio sigue siendo mi hijo, y era Yo la llamada a dar claridad de cómo iba a funcionar el asunto. Y bueno la pregunta del millón de colones es: ¿Cómo quería Yo que se manejara el asunto entonces? Pues bien, a través mío, así de sencillo. ¿Un permiso?, conmigo. ¿Una invitación?, conmigo. ¿Un paseo?, conmigo. Las cosas para mí no tenían, ni tienen  que cambiar en lo absoluto. De ahí que respeto se haya vuelto mi palabra favorita, al lado de confianza, pues al final de cuenta la gente piensa y hace lo que le parece que es mejor desde su propia realidad de vida, pero nunca considera a los demás (¿nunca? ¿seré muy severa en esta afirmación?) y de igual manera lo hago Yo.
Pero no tuve chance, no hubo tiempo porque se me adelantaron… se me adelantaron y pasaron por encima, ahí está mi enojo. No puedo ni siquiera decir que lo siento, porque no, no lo siento. Estos meses han sido muy duros, y Dios me ha llevado a lugares que no sabía que existían, y todo éste proceso me ha llevado a conocerme mejor, a valorarme más, a perdonarme, a tratar de ser mejor viviendo cada día a la vez. El autorespeto es parte de ésta nueva forma de vivir mi vida, y por tanto, no pretendo sacrificarlo por nadie, ni siquiera mi familia extendida.
Aquellos que quieran subirse en mi barco de autorespeto, consideración y empatía son bienvenidos, y aquellos que no desean hacerlo los dejaré tras de mí. En mi barco va mi esposo, mi compañero fiel, incondicional que me respeta y ama así de intensa y loquilla que soy…nunca podría ser mejor que con vos mi amor, de paso ¡Gracias!, subí a Javier que es mi pequeño retoño, un ser infinitamente puro que vino a mi vida a darme una nueva experiencia de amor incondicional y a través de la adversidad. En el camino quiero encontrar a nacho, quiero que se suba si así lo desea porque nuncamás en mi vida hijo te impondré nada, nunca más querré Yo que seas alguien a mi agrado; mi autorespeto y autoimagen van de la mano del respeto por los demás y su forma de ver la vida, aunque no la comparta. Te prometo nunca más condicionar mi amor a tus acciones alineadas con mi forma de ver la vida, por el contrario, te amaré como el ser libre que sos, porque naciste ¡PARA VOLAR! Espero estar a tu lado para ver ése espectáculo que será tu independencia Ignacio, y ojalá que nos veamos aunque sea vos en tu barco y yo en el mío.
Todos los demás, les guste o no, compartan o no lo que hago tienen un lugar en mi corazón, que lo hice para aquellos a los que sigo respetando, pero de largo. No quiero en mi vida gente que me condicione su amor, que me ame sólo en mis buenas, y no en mis malas, que me nieguen un favor, porque hacen los favores que les conviene nada más, nadie tiene la obligación de hacer un favor a nadie, pero si la decencia de si no lo va a hacer, respetar el sentir de los otros. No quiero en mi vida gente que un día me habla y me abraza, y otro me ve en la calle y me esquiva, me quita la mirada… ahí están y estarán siempre, pero yo andaré por otros caminos, caminare el nuevo camino que Dios puso en mis pies descalzos para que yo creciera y fuera mejor persona, para que me amara y respetara a mi misma como nunca antes Yo lo había hecho.
Quisiera decir que cierro éste capítulo en mi blog, pero sé que falta tiempo aún para que mis heridas cicatricen. Sé que tengo que seguir hablando y desahogandome, y pienso seguirlo haciendo, por mi sanidad mental, emocional y física. Por el bien de mi esposo y mis hijos que son lo mas importante que tengo en mi vida.

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