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© 2018, Antonella Franchesqui Powered by EL Lab
Hace días quería escribir esta entrada no por el boom de los libros de la escritora británica E.L. James, si no por el efecto post lectura que genera el libro: esa sensación de vacío, de ausencia, esa necesidad de algo más que me dejó fue enorme; claro porque yo me decía a mi misma: “éste hombre no existe, Antonella. Recordá que es una novela; pero que chiva sería que existiera, si fuera así, ¡lo quiero para mi!” y un sin fin más de argumentos que solamente incrementaban mi deseo de convertir a mi marido en una réplica de Christian Grey.

 

50 Sombras
En esa obsesión que me poseyó durante unas semanas, estuve viendo vídeos inspirados en la trilogía en diferentes páginas, hasta que me encontré con uno que se los dejo aquí, para que lo vean y que me impactó mucho, más que nada porque me trajo de nuevo a la realidad acerca de lo que la autora propone y el impacto real que tiene en nuestra psique como mujeres.
Enfrentemos la realidad: vivimos en una sociedad altamente misógina, (definición en éste link), que a través de la historia ha ideado formas de mantener ésta forma de menosprecio, de pensamiento… no sé, presente en todos y cada uno de los pequeños detalles que nos rodean. ¡Ni siquiera somos concientes de ello!, y ¡este libro está plagado de ella! está tan profundamente arraigado en nuestro psique que una mujer (vaya conciencia gremial de paso) viene y escribe al respecto y detalla morbosamente todos y cada uno de los detalles de una relación con un hombre totalmente misógino (porque odia a su madre): cómo ejerce poder a través del sexo, cómo le gusta controlar a su “pareja”, y lo encontramos romántico y hasta la hacemos millonaria en su primer obra literaria escrita… bonita cosa diría mi suegra. El colmo se da cuando elevamos al nivel de “heroína”a la protagonista, Anastasia Steele, porque logra salvar a éste personaje maltrecho (y entendámonos, todos tenemos derecho a segundas oportunidades y a enderezar nuestras vidas. Todos cargamos un maletín lleno de vivencias del pasado que necesitan ser resueltas y Christian Grey no es la excepción), pero insisto, veamos la realidad, Anastassia Steele no es más que una mujer co-dependiente que no tuvo a su figura paterna biológica (porque muere siendo ella una bebé de meses), si no que tuvo a un papá sustituto (a quien ama profundamente) pero que no logro seguirle el ritmo a su intensa madre, por tanto este Sr. no era precisamente el mejor modelo de carácter, de fortaleza, ni el mejor modelo de lo que un hombre como tal puede ser, estaba en el extremo opuesto de Christian. Ese vacío Anastassia intenta llenarlo con su amor por Christian y falta de amor propio… habiendo sido tan insegura de si misma, virgen a la edad de 22 (creo, lo cual no tiene nada de malo) retraída, con baja autoestima, “ratón de biblioteca” como ella misma se define al hablar de su relación con sus novelas literarias, asume su sufrido amor por éste hombre como absoluto, y decide tratar de cambiarlo (los que pertenecemos a comunidades de codependientes estamos muy claros en lo que significa vivir la vida para cambiar a alguien o controlar sus actos) aceptando cosas que no le gustan, con las que no se siente cómoda, que la hacen sentirse mal y degradada… pero aún así, su “amor” prevalece en ella y acepta todo a pesar de que éste amor no le hace bien. Al final, al enfrentarse “valientemente” al pasado de éste hombre, lo libera finalmente en un ser que a su lado, es un hombre mejor y libre. Les aseguro que no todas tienen un final tan feliz.

 

Tomado Crisálida, una esperanza perenne

 

Me impresionó mucho entender lo rápido y fácil que fue para mí irme en la espiral de desenfreno y “romanticismo” mal disimulado de las novelas… las leí en una semana las tres, totalmente obsesionada no paraba de leer, día y noche. No me dí cuenta que en mi fuero interno estaba cocinando lo que tanto critico a la luz pública: la cosificación de la mujer en la sociedad entre un sin fin de matices que tal comportamiento presenta; me dió verguenza descubrir que había caído presa del prejuicio y sin darme cuenta.
Yo no tengo nada en contra de los juegos sexuales sadomasoquistas, cada quién son su gusto, pero la forma en que lo presenta la autora, cómo Christian lo explica clarísimo a Anastassia: “me gusta el control que me ofrece”, y lo justifica diciéndole que son adultos y que lo que hagan tras las puertas del dormitorio es problema de ellos, aunque literalmente la esté golpeando y la acabe convenciendo de que lo está disfrutando (¡eso es manipulación!) es una Oda al abuso versificado, más cuando ella reconoce que se siente humillada, degradada, entre otras cosas.
Para terminar, sí me las leí, sí me gustaron, lo disfrute y mucho, pero eso no me aleja de reconocer su transfondo de abuso de poder, cosificación, y misoginia implícita. Claro es sólo mi humilde opinión acerca de ésta novela literaria.
Vivo después de Christian con un hombre de carne y hueso, que existe, que en su humanidad se equivoca, da lo mejor de sí, crece a mi lado, me respeta y ama como soy.
Mi esposo y Yo 🙂

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