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© 2018, Antonella Franchesqui Powered by EL Lab
Mallomío,
te escribo hoy para decirte que lamento mucho todo lo que te ha sucedido en tu corta vida sin ser tu culpa: tus ansias, angustias, …. Perdoname Mallomío.
Quiero que sepas que desde antes de que empezaras a habitar mi ser, te anhelé y desié con toda mi alma y con todas las fuerzas de mi interior. Deseaba con locura poder revivir la experiencia de la maternidad desde un lugar en el mundo en el que me sintiera mejor acerca de mi misma, con mayor madurez y disposición de maternar… pero no fue así. A pesar de que los años habían pasado, que mi cuerpo estaba listo, y que mi mente me decía que era el momento perfecto (y lo era, porque no hay nada que hubiera podido pasar mejor que lo que pasó), todos los asuntos que no estaban resueltos de mi niñez seguían (y siguen) persiguiendome, voicoteando mi presente, pidiéndome que los resuelva. Mi niña interior lloraba por los rincones de mi alma suplicandome que la consolora… ya no era un niño que lloraba pidiendo el pecho de su madre, el calor, el consuelo… eran dos… vos y Yo.

 

 

Quiero que sepás que te he amado profundamente desde que ví la prueba de embarazo en positivo… que he luchado intensamente todos los días de mi vida desde que te supe en mi vientre por ser la mejor versión de mi misma para poder ser el mejor ejemplo para vos… el más humano, el más cálido, el que siempre busqués en tu interior como refugio en las tempestades, o cómo fuente de sabiduría para tu propio crecimiento.
Quiero que sepás que sigo en la lucha, con tenacidad y con valentía enfrento cada día con un profundo convencimiento de que éste día va a ser mejor que el anterior… pero soy humana Mallomío… de carne y hueso, a quién le duelen las cosas, quién no siempre las puede entender y explicar… soy una mujer más en éste basto pero tan pequeño mundo que quiere cambiar y transformarse, que quiere ser, cual Fenix, capaz de reinventarse, de renacer siempre de entre las muchas cenizas acumuladas a través de batallas vividas y perdidas (o ganadas?).

 

Quiero que sepás que sos un gran ser humano, has sido capaz de mostrarme desde tu inocencia todos y cada uno de los días de tu vida, tu inmesa capacidad para amar y perdonar… tu gran fortaleza de caracter con el que me haces saber siempre qué necesitas, qué querés, cuando… con esa carita y esa fuerza interior, siempre me llenas de amor y bondad, me abrazás con ternura e inocencia… ¡cuanto daría por estar en tus zapatitos y sentirme así Mallomío!
Quiero que sepás que con humildad pido todos los días la capacidad para poder guiarte por la senda de bien, para mostrarte el mundo y su belleza, para poder enseñarte a diferenciar entre lo bueno y lo malo… para enseñarte el valor de lo que nos rodea: los lazos familiares, el hogar, la naturaleza, la compasión por un animalito como por nuestros semejantes…. para entender más y más los valores que necesitas para desarrollarte en este mundo tan convulso… para poder ver el día en el que abrás tus alas y volés para convertirte en todo aquello que desiés y que sé que serás capaz de hacer…

 

Quiero que sepás que hoy más que nunca hago lo mejor desde mi realidad de vida y con las herramientas que cargo en mi maletín emocional, para ser mejor y mostrarte mi cara mas humana, mas real… no una imagen de mamá que no llora, que no siente, que no aprende… No Mallomío, quiero que me veas humana y ser capaz de enseñarte a través de mis adversidades hoy y siempre que lo necesités.

Te amo profundamente pequeñito, y lo lamento mucho de verdad… ésa fue la vida que me tocó vivir, no la escogí, no la quería, NO la quiero, pero te prometo que seguiré trabajandola para hacer la tuya mejor.

Tu Mamá.

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