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© 2018, Antonella Franchesqui Powered by EL Lab

Hoy te escribo porque no te puedo llamar, o si podría, pero bueno, no sería lo mismo… quisiera decirte tantas cosas que se me amontonan en la garganta, no como un trago de lágrimas, es más bien como una pega de cosas que quieren salir todas al mismo tiempo. ¿Por dónde empezar? En los últimos meses he ido desenmarañando esta tan difícil y transformadora tarea de la maternidad, y muy a pesar de que mi hijo mayor tiene 15 años casi, hasta hace muy poco empecé a entender en que consiste y no porque me salga perfecto ya mami, sino porque he aprendido a aceptar que debo de vivir un día a la vez, y que si hoy fue un día maravilloso y que hice todo desde el corazón, como por supuesto lo hacías vos, puede ser que mañana las circunstancias cambien y no necesariamente me acueste con la gratificación de un trabajo bien hecho. 

Mi amor por mis hijos es algo que simplemente no sé explicar, y cuando lo intento me confundo más y más, porque simplemente es algo que me supera…. Y sé que así me amás a mí y a mis hermanos… pero es que no lo entendía mami, mi niña vivía reclamándome que le entregara aquello que ella sentía le fue negado, y he estado en eso estos últimos años…  Hoy como la adulta que soy, madre, reconozco tu amor en cada una de las cosas que hago y que me recuerdan a vos…, desde la forma en que acomodo mi ropa, hasta la forma en que me veo al espejo. Como acomodo mi baño, mis cremas, lo que pongo sobre mi mesa de noche. Reconocer tu presencia en mi ser me ha otorgado una gran libertad, porque me permite aceptarme tal cual soy; con tu pedacito y el de mi papa, y con ustedes todos y cada uno de mis ancestros, quienes también viven en mí, me reconozco como un ser completo hoy.

Recapitulando tantas memorias que comparto con vos, me rio por ratos del famoso decir “lo que se hereda, no se hurta”; más me rio cuando me reconozco a mí misma en una situación en la que te veo claramente en mi cuerpo, manifestándote tal cual. En silencio me abrazo y me digo te digo al oído: Gracias mami. Cuando le hago cariños a mis hijos, te escucho, es como si tu voz saliera por mi boca diciéndoles cosas amorosas… cuando me encuentro en esa situación, me pregunto, ¿sería que mi mama me hablaba así a mí cuando Yo tenía la edad de mis hijos? Porque recuerdo escucharte decir las mismas palabras, pero claramente lo recuerdo con tus nietos. Me veo de repente recogiendo juguetes y un tanto mortificada porque faltan piecitas, y una vez te escuche en mi oído hablar y decir que los juguetes habia que cuidarlos… pero resulta que era Yo hablando… fue muy chistoso cuando tome conciencia de la situación en el momento.

Cuando me siento abrumada por la necesidad que mis hijos tienen de mí, me pregunto cómo hacías vos con cuatro; abrumada por su indefensión y su constante necesidad de nutrirse de mi ser, no con mi leche, si no con mi corazón, mi cuerpo, mi amor… pienso entonces en la gran responsabilidad que es convertirse en la mamá de alguien, y pienso en vos, en tu esfuerzo por lograrlo la mayor parte del tiempo sola mami; hoy te entiendo más que nunca, y por ello te doy las gracias, gracias infinitivas porque me trajiste a este mundo, me nutriste con tu cuerpo y me diste la vida, una tarea titánica… Gracias mami.

Tomado de la Web sin conocer su autor. En caso de identificarlo, por favor enviarme un mensaje para otorgar la autoria.

Hoy veo a mi hijita y cuantas preguntas se me vienen a la cabeza; tantas acerca de ser mujer y como serlo en este mundo patriarcal… cómo serlo sin perdernos en el camino, aunque muchas veces perdernos es lo mejor que nos puede pasar, pero cómo serlo y ser fiel a nosotras mismas mami… esta es una tarea muy complicada y como mujer, vos sos mi modelo a seguir; Yo te considero una mujer luchadora, emprendedora: recuerdo los tamales asados que hacías y lo mucho que nos dieron esas ventas en mi infancia: viernes de tacos y papitas de la soda La Central en Moravia. Recuerdo caminar con vos y mis hermanos desde nuestra casa al Nova, a pie y con una gran ilusión porque íbamos a comprar ropa, muchas veces con esa platita que te habías ganado; el pan casero… todas esas cosas que horneabas con nosotros encima, con tantas responsabilidades de la escuela, la casa y aun así sacabas la faena, ¡que valienta mami!; también te considero una mujer de fe, siempre con la mirada en el cielo, confiada de que las respuestas vendrían, como venía siempre lo que ocupábamos. 

Tengo en mi casa una bolsa de candelitas mami, cada vez que las cojo para prender una recuerdo cuando vos prendías la tuya, y Yo no entendía para qué; te cuento que hoy también tengo mi altarcito, con fotos de mis amados, y también me siento a pedir y orar por todos. En aquella época no te entendía, es que era tan chiquilla y tenía un gran ego mami, tan grande que me absorbía y no me permitía ver la sabiduría ancestral en tus acciones, pensaba que eran tonterías… ¡ay cuan equivocada estaba mami!; hoy cuando me siento frente a mi altarcito, pienso en vos, y quiero que lo sepás, que estás ahi conmigo sentada frente al fuego, como antes lo hacían nuestras ancestras.

Perdón Madre por todas las veces en las que desprecié tus acciones, faltándote el respeto no solo como mi madre, si no como mi guía en este mundo, como mi ancestra; no sabía que así eran las cosas, y fue una lección que aprendí bien. Perdón por no entenderte, hoy te puedo entender y puedo empatizar con vos… lamento que así fuera, pero hoy no es así mami, te amo y quiero darte las gracias infinitas por vivir en mí, te mando un abrazo lleno de amor a la distancia, que llegue a donde estés y te haga estremecer del amor que siento por vos.



Tu hija que te ama, Antonella.

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