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© 2018, Antonella Franchesqui Powered by EL Lab

Hoy ocupo sacarme del pecho la goma moral que me aprieta por dentro… se me amontonan las palabras en la boca porque no se por donde comenzar.

Como se inician las autocríticas? Como se analizan los errores propios desde el crecimiento? Desnudar cuerpos es más fácil que desnudar almas, y almas desnudas frente al espejo de la verdad puede dañar el ego…, frágil pero muy valiente ego que muy agazapado dirige desde el inconsciente el consciente.

Me reprocho mi doble discurso, más no doble moral, de hablar abiertamente del auto respeto que me profeso, de los límites que soy capaz de poner y de mi capacidad de confrontación y no hacer nada de eso cuando la vida me lo demandó. No me pude defender ni pude defender a mi familia cuando el momento llegó. Me reprocho sentir que me he dejado llenar el espíritu de una falsa y engañadora sensación de paz a costa de aceptarle a los demás sus hipocresías y falsos cariños; y me reprocho haber posicionado este interés por la paz por encima de mi dignidad.

Me reprocho haberme dejado rodear de compañía que no me dejaba nada bueno ni malo y haber abandonado a mi intuición (bien amaniatada) en el lado oscuro de mi psique, donde la encerré con llave su acceso a mi alma.

Me reprocho haberme dejado morir y ni siquiera haberme dado cuenta hasta que un inesperado golpe de electricidad me resucitó de repente; tambaleandome y con sensación de ahogamiento acepto que me he conformado en honor a la paz. Abro mis ojos y los vuelvo a cerrar, sintiendo esa electricidad recorrerme todo el cuerpo, disfrutando su sabor agridulce, agradeciéndole y al mismo tiempo, reclamándole porque dejé de sentirla, de buscarla… dejé de ser adicta a ella y pase a ser abstemia por amor, que aunque sea lo que más romántico suene, no es lo que mi alma quiere.

Me reprocho querer todo, pero no desde la ambición si no desde el egoismo; no desde la verdad, si no desde la mentira que es la utopía de tener todo lo que quiero, aunque no necesariamente sea lo que me conviene o merezco.

Quiero volver a cero para sentirme “en paz”, pero quiero seguir en la crisis para crecer; cerrar ojos y oídos a lo políticamente correcto y abrir mi mente a la verdad que me satisfaga el alma, que me haga vibrar de ilusión y amor; del amor que lo hace a uno crecer y no solo temblar.

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