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© 2018, Antonella Franchesqui Powered by EL Lab

El rostro de “a mis hijos los educo Yo”.

 

Tengo muchos días de querer escribir esta entrada.

Hace unas semanas estuve en un circulo de mujeres muy jóvenes, jovencitas mas bien. Dos de ellas embarazadas antes de los 18 años. Es la segunda vez que tengo el honor de participar en una terapia grupal donde las participantes son chicas menores de 18 años y estar ahi con ellas me hace recordar la época en la que, aunque Yo no tenia 17 años, fui una de ellas.

De 18 años, ya esperaba a mi hijo mayor.

En ambas ocasiones les cuento que Yo tuve a mi hijo mayor de 19 años. Habiendo quedado embarazada recién cumplidos mis 18, mi hijo nació casi un mes después de mi cumpleaños #19. Por un lado, soy un testimonio positivo de que sí se puede salir adelante con un embarazo adolescente, lo anterior en condiciones óptimas: contando con un grupo fuerte de apoyo, claro está. En mi caso, mis padres se determinaron a que Yo no me casara y que entrara a la universidad; el papá de mi hijo no era una persona agresiva y desde el día 1, estuvo presente en mi vida y en la de nuestro hijo, hoy a punto de cumplir sus 18 años. Mis condiciones fueron idóneas, sin embargo hoy sé que esa no es la situación de muchas de las jóvenes que quedan embarazadas antes de la mayoría de edad. Ellas me vuelven a ver con ironía porque aunque me creen, no se pueden identificar conmigo. Ellas como Yo alguna vez, somos el rostro de #amishijosloseducoYo.

Viéndolas me lleno de nostalgia y de una sensación de vacío. Sus historias son por mucho mas complicadas que la mías y pienso en todo lo que se viene, porque SÍ, sí se puede, pero que es difícil, MUCHO. Pienso en mí misma y en la época en la que quedé embarazada y quién era Yo y mi conclusión es que era una niña que no entendía nada de lo que pasaba en mi cuerpo, como iba a poder “hacerme responsable” de evitar un embarazo si no me hablaban de eso. Yo hacía preguntas, hablaba con mis amigas, pero hoy sé que no teníamos idea de lo que hablábamos. Mi mamá no sabía lidiar conmigo en ese sentido, y mi papá era un proveedor y nada más; como a ellas, a mi nadie me dio el arma del conocimiento.

Con todo el movimiento #amishijosloseducoYo, muchas veces sentí en mi cuerpo el enojo de la alevosía con la que muchas personas en este país, acuerpadas por la iglesia católica, se dedican a negarle el acceso a la educación sexual que los jóvenes de hoy día (como Yo hace 18 años) ansían y están urgidos de tener y que sin embarco al amparo de que que esos mismos jóvenes son menores de edad y su tutela es de los padres, estos deciden bloquear, una y otra vez.

Yo hoy no creo que no ven las consecuencias de la falta de educación sexual, claramente está frente a sus ojos y lo que están escogiendo es el Statu Quo, no desean perder poder ni tener que confrontar su propia ignorancia con hijos que hacen preguntas que eventualmente no van a poder responder. Tampoco quieren lidiar con hijos que ya no se dejen molestar por familiares y/o amigos, porque eso les significaría tener que enfrentarse a esas personas que de manera concienzuda, deciden ignorar porque “ya va a pasar”. Recuerdo a mi papá diciéndome: “eso no tiene nada de malo, usted es la que quiere hacer un problema”, cuando Yo me desesperé al darme cuenta de unos comportamientos impropios por parte de miembros de mi familia. En esa época Yo no era ni sabía la mitad de lo que sé y soy hoy, y sin embargo le dije: “no me diga que esto es normal, no puede ser normal!!!!”. Cuanta razón tenía Yo, apenas empezaba mi historia a escribirse.

Hoy con muchísimo orgullo, tengo 37 años y soy mamá de un joven de cuasi 18 años quien me ha llenado de grandes alegrías. Sí, amé a mi hijo y amo ser su madre; también con mucha honestidad puedo decir que no fue fácil, ni con todo el apoyo que conté para seguir estudiando y tener una vida medianamente normal para una mujer de 20 años con un bebé de 2 a cuestas. Las soledades de él porque Yo no estaba porque andaba viviendo como la universitaria que era, fueron muchas; también los resentimientos míos por no poder hacer lo que hacían muchas de mis amigas, con todo y que Yo puedo decir que viví muy plena mi adultez joven; sin embargo la incompatibilidad de mi maternidad con mi vida como una adulta joven era muy fuerte y tuvo consecuencias para mí y para mí hijo, cosa que a ambos nos ha tocado trabajar y sanar. No fue fácil ir a la U, trabajar y ser la mamá de él, ni para él ni para mí. Hay días en los que hoy, como madre de dos niños pequeños, pienso y siento respecto de la época en la que Yo criaba a mi hijo mayor… hay días en los que todavía me duele, pero me recuerdo como mi proceso me ha llevado a empoderarme de mi vida y mi historia, de como al final, muy a pesar de tener muchas cosas en contra, todo “salió bien”. Esa no es la suerte de todas.

Un mes de nacido y Yo 19.

Les presento el rostro de #amishijosloseducoYo, no siempre tiene cara de pobreza, ni de falta de educación formal. Tampoco siempre luce como una niña en condiciones de abandono. #amishijosloseducoYo tiene cara de mujer, que son las que evidencian las consecuencias de una manera mas visual: mostrando las caras de niñas embarazadas, infectadas con ETS; o a través de los altos indices de pobreza porque son jefas de hogar y sin estudios. En mi caso tenía cara de niña “bien”: clase media-alta, de un colegio semi-privado, hija de un matrimonio “estable” con una madre que la atendía en la casa y un papá trabajador en una gran empresa, que tenía una familia “normal’.

Mi hijo mayor y Yo celebrando su baile de graduación.

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